Hace unos años, si querías trabajar en marketing digital, te pedían que supieras de posicionamiento en buscadores o SEO. Era un requisito básico, como saber usar Excel o PowerPoint. Hoy, en 2025, la historia se repite pero con un giro tecnológico: si no sabes usar ChatGPT o herramientas de inteligencia artificial, estás quedando fuera del juego profesional. Y no lo decimos nosotros por capricho, lo está diciendo el mercado.
En una reciente conversación entre Eduardo Marín y Hilda Besson sobre cómo desatar la creatividad con inteligencia artificial, surgió un punto que nos parece fundamental: la habilidad de crear buenos prompts se ha convertido en la nueva competencia profesional esencial. Y queremos explicarte por qué esto no es una exageración, sino una realidad que ya está transformando industrias completas.
Qué es realmente un prompt y por qué importa tanto
Un prompt es simplemente la instrucción que le das a una inteligencia artificial para que haga algo por ti. Puede ser tan básico como «escribe un email» o tan sofisticado como «actúa como un estratega de marketing con 15 años de experiencia, analiza esta campaña publicitaria y dame tres recomendaciones específicas para mejorar la tasa de conversión en audiencias de 25 a 35 años».
La diferencia entre estos dos prompts es abismal. El primero te dará un resultado genérico que cualquiera podría obtener. El segundo te dará algo valioso, específico y aplicable. Ahí está la clave: el prompt es donde se manifiesta tu experiencia, tu conocimiento y tu criterio profesional.
Como mencionó Eduardo en la conversación, esto es exactamente igual a lo que pasaba con el SEO. Cualquiera podía escribir un artículo, pero solo quienes entendían cómo funcionaban los buscadores podían posicionar ese contenido en la primera página de Google. Hoy, cualquiera puede pedirle algo a ChatGPT, pero solo quienes dominan el arte de los prompts obtienen resultados extraordinarios.
El caso de la fotógrafa que lo cambió todo
Eduardo compartió un ejemplo que ilustra perfectamente este punto. Imagina a una fotógrafa profesional con años de experiencia. Ella sabe exactamente qué tipo de iluminación necesita una imagen, qué ángulo funciona mejor, qué composición genera más impacto emocional. Cuando esta fotógrafa le da instrucciones a una inteligencia artificial generativa, no dice «crea una foto bonita». Dice algo como: «genera una imagen con iluminación natural difusa desde la izquierda, profundidad de campo reducida, sujeto en el tercio derecho siguiendo la regla de los tercios, paleta de colores cálidos con dominancia de tonos dorados».
El resultado no es solo diferente, es incomparablemente superior. Y aquí está lo interesante: la IA no creó esa imagen por sí sola. Fue la fotógrafa quien dirigió cada aspecto de esa creación a través de su prompt. La calidad del output está directamente relacionada con la calidad del input. Siempre.
Por qué los prompts genéricos ya no funcionan
Hilda hizo una observación brillante durante la conversación: la inteligencia artificial está eliminando la mediocridad. Cuando todos tienen acceso a la misma herramienta, el contenido genérico se vuelve obvio y pierde todo su valor. Los resultados de «copiar y pegar» son fácilmente detectables, tanto por las audiencias como por los algoritmos.
Esto significa que el verdadero valor profesional ya no está en tener acceso a la tecnología, sino en saber usarla de manera estratégica. Los prompts básicos generan contenido básico. Los prompts estratégicos, detallados y bien pensados generan contenido excepcional. La diferencia entre un profesional promedio y uno destacado está precisamente ahí: en la calidad de sus instrucciones.
Cómo crear prompts que realmente funcionen
Nosotros hemos estado experimentando con esto durante meses, y hay algunos principios que funcionan consistentemente. Primero, la especificidad es tu mejor aliada. No pidas «un artículo sobre marketing», pide «un artículo de 800 palabras sobre estrategias de email marketing para ecommerce de moda, dirigido a emprendedores con presupuestos limitados, con tono conversacional y tres ejemplos prácticos».
Segundo, incluye contexto. La IA no sabe quién eres, qué necesitas o para qué lo necesitas a menos que se lo digas. Cuanto más contexto proporciones, mejores serán los resultados. Tercero, itera. El primer prompt rara vez es perfecto. Refina, ajusta, mejora. Cada interacción te enseña algo sobre cómo comunicarte mejor con la herramienta.
Y cuarto, y quizás lo más importante: inyecta tu experiencia en cada prompt. Si eres diseñador, usa terminología de diseño. Si eres marketero, habla de métricas y objetivos. Si eres escritor, especifica el tono, el estilo, la estructura. Tu conocimiento profesional es lo que hace que tus prompts sean únicos y valiosos.
La nueva exigencia del mercado laboral
Eduardo fue directo en su análisis: antes te pedían saber SEO, ahora te piden saber usar ChatGPT. Y no es una tendencia pasajera, es una transformación estructural del mercado laboral. Las empresas ya no buscan solo creativos talentosos, buscan creativos talentosos que sepan multiplicar su productividad con inteligencia artificial.
Esto no significa que la creatividad humana pierda valor. Al contrario, significa que la creatividad bien dirigida vale más que nunca. Un redactor que puede producir diez piezas de contenido de calidad en el tiempo que antes le tomaba hacer dos, no es menos valioso, es exponencialmente más valioso. Pero esa multiplicación solo ocurre si dominas el prompt engineering.
Aprender o quedarse atrás
El mensaje de Eduardo e Hilda fue claro: el reto no es temer a la inteligencia artificial, el reto es aprender a usarla. La brecha entre quienes dominan estas herramientas y quienes no está creciendo rápidamente. Y esa brecha se traduce en oportunidades profesionales, en ingresos, en relevancia en el mercado.
Nosotros vemos esto todos los días en nuestra agencia. Los profesionales que han invertido tiempo en aprender prompt engineering están obteniendo resultados que antes eran imposibles. Están cerrando más proyectos, entregando mejor calidad, trabajando de manera más eficiente. No porque sean más talentosos que antes, sino porque han aprendido a colaborar estratégicamente con la tecnología.
El prompt engineering como superpoder profesional
Hilda lo describió perfectamente cuando habló de la IA como «gasolina» para la creatividad. El prompt engineering es exactamente eso: la habilidad de convertir esa gasolina en movimiento real, en resultados tangibles, en valor concreto. No es magia, es técnica. Y como toda técnica, se puede aprender, practicar y dominar.
La pregunta que nos hacemos constantemente es: ¿estamos aprovechando esta herramienta al máximo? ¿Estamos creando prompts que realmente reflejan nuestra experiencia y conocimiento? ¿O estamos usando la IA de la misma manera genérica que todos los demás? La diferencia entre estas dos opciones es la diferencia entre destacar y desaparecer en el ruido.
El prompt engineering no es el futuro del trabajo creativo. Es el presente. Y quienes lo dominen hoy tendrán una ventaja competitiva imposible de ignorar mañana.