China propuso el 16 de octubre de 2026 someter a control de exportación 40 tecnologías de inteligencia artificial, biomedicina y energía solar, en un borrador publicado por sus ministerios de Comercio y Ciencia y Tecnología desde Pekín. La iniciativa busca reforzar la seguridad nacional y evitar usos considerados abusivos, pero también introduce una nueva barrera para la transferencia internacional de modelos, agentes, diseños de chips y conocimiento industrial en plena competencia tecnológica con Estados Unidos.
El borrador alcanza a modelos y agentes avanzados
El documento oficial añade 23 categorías de IA al catálogo chino de tecnologías prohibidas o restringidas. La lista abarca grandes modelos, agentes y clústeres de computación, además de tecnologías de procesamiento de información. La propuesta contempla limitar los modelos entrenados con datos nacionales sensibles y los agentes diseñados para defensa, infraestructura crítica o servicios gubernamentales.
El texto también fija umbrales técnicos que podrían afectar a los sistemas más grandes. Según la cobertura de Associated Press, los modelos con 2 billones de parámetros o con capacidades consideradas líderes mundiales podrían quedar sujetos a restricciones. Ese criterio no equivale por sí solo a una prohibición automática: el listado todavía está en consulta y la aplicación dependerá de la clasificación concreta de cada tecnología y de la licencia correspondiente.
Hay una excepción relevante para el ecosistema abierto. El anuncio del Ministerio de Comercio de China indica que las tecnologías que ya hayan entrado en el dominio público mediante código abierto, publicaciones académicas u otros canales no quedarían incluidas en la administración propuesta. La redacción intenta preservar la cooperación científica, aunque deja abierta la discusión sobre qué parte de un modelo o de un sistema se considera realmente pública.
El control empieza antes de que exista una prohibición definitiva
Mientras se decide el catálogo final, los exportadores deben registrar por adelantado las operaciones relacionadas con las tecnologías incluidas en el anexo. El requisito cubre la transferencia de propiedad intelectual, las licencias para uso en el exterior y los cambios de control de una tecnología hacia una entidad extranjera. El registro debe indicar al receptor, el país o región de destino, el uso previsto y el valor estimado de la operación.
El periodo de comentarios va del 16 de octubre al 15 de noviembre. En la práctica, eso convierte el borrador en una señal regulatoria inmediata: las empresas chinas que negocien licencias, alianzas de investigación o despliegues internacionales ya deben revisar sus operaciones, aunque todavía no exista una versión definitiva del catálogo.
- 40 tecnologías entran en la consulta: 23 de IA, 5 de biomedicina y 12 de energía solar.
- Los agentes para defensa, infraestructura crítica y gobierno aparecen entre los usos sensibles.
- El registro previo ya se aplica mientras se tramita la reforma definitiva.
La carrera tecnológica se vuelve una disputa por el acceso
La medida llega después de varios años de controles estadounidenses sobre chips avanzados y maquinaria para fabricarlos. Washington ha restringido el acceso chino a componentes clave para entrenar modelos de frontera; Pekín responde ahora con una vigilancia más explícita sobre el conocimiento que sale de sus empresas y laboratorios.
La diferencia es que el nuevo catálogo no se limita al silicio. También alcanza software, modelos, agentes y capacidades de operación. Para la industria global, el efecto puede sentirse en proyectos conjuntos, licencias de tecnología y servicios de IA desarrollados en China para clientes extranjeros. Para las compañías, el reto será distinguir entre compartir un producto público y transferir una capacidad estratégica que el regulador considere sensible.
El borrador no cierra la cooperación internacional, pero sí la vuelve más condicional. La consulta pública permitirá modificar categorías, umbrales y excepciones antes de la decisión final. Hasta entonces, la señal es inequívoca: China ya no trata la exportación de inteligencia artificial solo como una operación comercial, sino como una cuestión de seguridad, soberanía tecnológica y control sobre el uso de sus sistemas.